
¿Parece que voy a hablar sobre las metas de año nuevo verdad? Bueno, no, sin embargo creo que la popular frase resume el tema central de esta entrada.
¿Han pensado alguna vez en desaparecer de la faz de la tierra sin que eso implique morir? Me refiero a abandonar a la gente que nos conoce, dejar la casa que habitan, cerrar sus cuentas de correo y además no dejar ningún rastro.
Andy Kaufman, un famoso comediante de los años setentas y ochentas solía contarle a sus amistades sobre su propósito de fingir su propia muerte y "volver a la vida" 20 años después.
En 1984 falleció de un cáncer pulmonar, sin embargo sus fans se mostraron reticentes sobre la muerte, pues Kaufman nunca hizo público su malestar. Hoy, 26 años después, no hay Kaufman vivito y coleando por ningún lado, o por lo menos no se ha hecho público. Su constancia de fallecimiento sí existe.
Ahora, ¿quién podría ser capaz de desaparecer de un día para otro y perder el contacto con lo que lo rodeaba? Personalmente me parece una posibilidad, y no por eso digo que lo vaya a ser, solo que hablo de que no es imposible desprenderse del presente, de la realidad en la que vivimos y de lo que tenemos como costumbre desde que nacimos.
Sé de un papá de familia que lo hizo. Se fue de la casa, dejó a sus hijas, esposa y trabajo. Años después llamó por teléfono como si nada, estaba en Estados Unidos con una familia nueva.
Pensé en esto ayer hablando con Mari sobre un muchacho que se desapareció hace unos días en El Chirripó y sobre un turista que se perdió hace más de un año en Rincón de la Vieja y que la familia todavía lo sigue buscando. No creo que esto de comenzar una segunda vida sea el caso de ellos pero sí creo que hay quienes podrían soltar todo lo que tienen hoy y dejarlo todo botado, para hacer entonces un legítimo borrón y cuenta nueva.