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jueves, 26 de mayo de 2011

14 Tonos de Gris

El reciente asesinato de Osama bin Laden y la euforia que desencadenó este evento rápidamente me recordó a los sentimientos y argumentos que surgieron en los meses y años posteriores a los atentados del 11 de setiembre del 2001.

Muchas personas consideran que con la muerte de bin Laden se cierra el capítulo de una década caracterizada por el radicalismo religioso, las intervenciones militares y la intolerancia.

Sin embargo temo que a casi 10 años de los atentados del 11 de setiembre y del salto a primera plana del terrorismo internacional, no hemos realmente avanzado en el camino a comprender y superar el tipo de conductas que motivaron en primer lugar a este crimen.

Si bien es cierto que el 11 de setiembre cambio la historia del mundo, una de las cosas que más puso en evidencia no fue la capacidad de Estados Unidos de ser víctima de un ataque altamente destructivo en su propio suelo, sino más bien nuestra poca capacidad de comprender el por qué llegó a ocurrir un acto tan atroz.

Una de las principales víctimas de los atentados terroristas del 11 de setiembre fue nuestra capacidad de profundizar y analizar el verdadero motivo de un evento tan significativo. Esta virtud fue rápidamente consumida por el miedo que rodeó a la población estadounidense y a buena parte del mundo en los días y semanas posteriores al atentado.

De lado fueron tiradas todas las preguntas de ¿Quiénes son verdaderamente los actores de este crimen? ¿Cuál fue su verdadera motivación? o peor aún ¿somos responsables nosotros mismos en alguna manera por este atentado? En cambio la masa se rindió ante uno de nuestros instintos más primitivos y poderosos, el miedo.

El miedo es uno de los elementos con mayor capacidad de unificadora en una sociedad, sin embargo el miedo no controlado puede fácilmente dar paso a la brutalidad y torpeza la ignorancia. Por tanto, luego del incierto y alarmante futuro propuesto por este acto terrositas, muchas de las sociedades del mundo decidieron adoptar las explicaciones peligrosamente simplistas de políticos, periodistas y militares quienes plantean una visión del mundo dividido entre buenos y malos. Un mundo en donde los terroristas odian a occidente por que “odian nuestras libertades y nuestro estilo de vida” según afirmó repetidas veces el expresidente estadounidense George W. Bush.

El pueblo estadounidense nunca se cuestionó de manera objetiva cuales han sido las verdaderas motivaciones de este y cientos de otros atentados terroristas cometidos a través de los años. El pueblo estadounidense tampoco se preguntó de una manera efectiva cuál rol ha jugado su propio gobierno, así como el de otras potencias occidentales en fomentar y motivar la radicalización y el terrorismo a nivel internacional.

Nunca nos cuestionamos los efectos del constante el apoyo militar, financiero y diplomático que algunas de las potencias occidentales han brindado por décadas a decenas de dictadores alrededor del Medio Oriente con el deseo de que estos actúen como protectores de un Estado secular y alejado del radicalismo representado por diversos grupos opositores con afinidades religiosas. Difícilmente reflexionamos sobre las consecuencias sociales de las intervenciones militares en Afganistán, Irak y en menor escala en Pakistán, Yemen y Somalia. Rápidamente catalogamos de antisemita a toda discusión que cuestione el apoyo incondicional al Estado de Israel, el cual es un constante violador del derecho internacional y cuyos dirigentes continúan rehusándose a convertir a este país en un actor pleno de la comunidad internacional.

Rara vez nos preguntamos si estas políticas han tenido un mayor impacto en el descontento hacia Occidente que sienten las sociedades del Medio Oriente y buen parte del mundo musulmán, de lo que las ideas propuestas por Osama bin Laden y al Qaeda jamás han logrado. Sin embargo, nuestro odio y nuestra ignorancia no nos permiten levantar el velo y ver nuestro propio rol en la creación de este mal. En cambio hemos escogido vivir más de una década creyendo que las sociedades occidentales han sido las víctimas exclusivas de un mal personificado por Osama bin Laden y su nefasta organización.

Al Qaeda no es una organización monolítica comandada por una cúpula elitista de terroristas profesionales. Al Qaeda es una idea, un mito, una fantasía utilizada para explicar un fenómeno tan complejo como el terrorismo internacional de una manera simplista y fácil de comprender, al atribuir este mal a un grupo específico de personas maléficas que pertenecen a una organización internacional sin escrúpulos y con un deseo irracional de martirio.

El pensar que existe tal cosa como “una única al Qaeda” con células alrededor del mundo que persigue objetivos específicos dictados por un pequeño círculo de líderes entre los cuales se encontraba el mismo Osama Bin Laden; refleja una pobre y poco precisa apreciación de la realidad internacional.

Lo que existe en realidad es un diverso número de grupos que se identifican bajo el mismo nombre y que se rigen bajo una ideología similar, tal es el caso de al Qaeda en la Península Arábica en Yemen, al Qaeda en el Magreb Islámico en Argelia o al Qaeda en el Estado Islámico en Irak; así como también toda una infinidad de grupos extremistas menores que también utilizan el terrorismo para perseguir sus objetivos.

Sin embargo, todos estos grupos no poseen prácticamente ningún nivel de organización o cooperación mutua, ya que cuentan con su propia estructura de comando, persiguen sus propios intereses regionales, y operan en regiones muy diferentes. Por tanto la muerte de bin Laden difícilmente tendrá algún efecto en las operaciones de estas u otros grupos extremistas alrededor del mundo como el Talibán y la red Haqqani en Afganistán o al Shabaab en Somalia.

El mundo, lejos de ser blanco y negro tiende a ser 14 tonos de gris. El pensar que la muerte de Osama Bin Laden va a significar el fin del terrorismo en el Medio Oriente o que si quiera va a tener un impacto significativo en el número de atentados a nivel internacional es en mi opinión un análisis excesivamente simplista y muy poco preciso de la realidad internacional.

Quien fue Osama bin Landen

Bin Laden y al Qaeda son un ideal, un ícono que vinieron a representar la idea del jihad como una obligación presente y posible, tanto así como una estrella de fútbol y un equipo definen todo un deporte, o como un líder y un movimiento definen toda una época.

El rol inicial de Osama bin Laden dentro de la organización que eventualmente llegó a ser llamada al Qaeda, fue el de convertirse en el principal financista del grupo. No es ningún secreto que bin Laden proviene de una adinerada familia saudita dueña de un importante consorcio de compañías constructoras y por tanto se convirtió en una figura muy atractiva para el grupo de radicales previamente conformado por Ayman al- Zawahiri, el tradicional segundo al mando de la organización. Sin embargo, a pesar de su riqueza, la personalidad y carisma de bin Laden lo convierten rápidamente en el claro líder y la cara de la organización.

Según afirma Robert Fisk, el corresponsal en jefe para el Medio Oriente del periódico inglés The Independent y la única persona que logró entrevistarse con bin Laden en múltiples ocasiones, “bin Laden tiene una característica única entre todos los líderes musulmanes que he entrevistado durante todo mi tiempo como periodista en el Medio Oriente. Bin Laden es el único líder que no dice lo primero que se le viene a la mente cuando se le hace una pregunta, sino que más bien se toma lo que parece ser una pausa agonizante mientras evalúa reflexiona antes de dar una particular respuesta”.

Sin embargo, a pesar de toda su gran capacidad de liderazgo e inspiración, la persona que siempre ha sido el padre ideológico de la organización no ha sido bin Laden, sino más bien el segundo al mando de la organización, Ayman al-Zawahiri. Al-Zawahiri es un radical con una amplia experiencia como activista en Egipto, y el cual se cree que recluta a bin Laden a principios de los 90 en Afganistán para formar lo que llegará a ser conocido como al Qaeda.

Por otro lado, en lo que respecta a los atentados del 11 de setiembre, este no fue un atentado ideado y planeado originalmente por Osama bin Laden, sino más bien por el egipcio Mohammed Atta. Es Atta quien no solo presenta a inicios del 2001 a bin Laden y a su grupo con la idea y el método de cómo realizar el atentado terrorista del 11 de setiembre, sino que también es él el que se encarga de dirigir y llevar a cabo la operación. Atta está a bordo de un de los dos aviones que se estrellan contra las torres gemelas en ese fatídico día en Nueva York.

Osama Bin Laden es un cruel criminal y atroz terrorista, sin embargo como él existen miles de personas; y si bien es cierto que su capacidad para inspirar e influenciar a cientos de grupos radicales y extremistas alrededor del mundo es incuestionable, el pensar que él es el creador y dirigente de la mayor parte del terrorismo internacional es simplemente una ingenua ilusión.

Con la intervención militar en Afganistán en el 2001 al Qaeda sufrió un severo golpe y la organización tuvo que desarticularse en gran medida como forma evadir la captura. Desde entonces, la cúpula de dirigentes que logró sobrevivir a los bombardeos estadounidenses y los avances de la Alianza del Norte debió encontrar refugio en las zonas tribales del oeste de Pakistán. La amenaza de ser capturado obligó a bin Laden y a su grupo más cercano de allegados a entrar en refugio a tal medida que esto limitó en gran medida su capacidad de comunicarse con el mundo exterior debido al riesgo de ser descubierto.

Por ende el pensar que Bin Laden ha estado en contacto directo con numerosas células terroristas y planeado atentados al rededor del mundo todo este tiempo es una hipótesis poco probable. El potencial de Bin Laden se encuentra mucho más en su capacidad de inspirar y motivar a futuros terroristas y movimientos radicales, que el de organizarlos y llevarlos a cabo; he ahí la insignificancia de su muerte.

Gracias a la ayuda de la bien establecida política de asesinatos extrajudicales, el gobierno estadounidense prefirió concluir el capítulo en la leyenda de Osama bin Laden convertirlo rápidamente en un mártir, que detenerlo y colocarlo ante un tribunal internacional como el simple criminal que fue.

La muerte de bin Laden representa un gran logro e impulso para la imagen del Presidente estadounidense, el cual intenta mantener sus niveles de popularidad luego de la lucha por impulsar un difícil plan de reforma al sistema de salud y las recuperaciones económicas luego del a crisis financiera.

Lamentablemente este evento ya ha comenzado a ser utilizado como justificación para el continuo uso de técnicas de tortura utilizadas sobre los detenidos en Guantánamo y demás bases militares estadounidenses, así como la constante practica de la política de asesinato extrajudiciales cometidos en Pakistán, Yemen y Afganistán, llevados a cabo por aviones piloteados a control remoto o por fuerzas especiales dirigida por JSOC (Joint Especial Operations Command).

El asesinato de bin Laden es un gran logro desde el punto de vista mediático y de estrategia política, sin embargo si realmente pensamos que Osama bin Laden y al Qaeda son la fuente de todo el mal, el descontento y la motivación de miles de musulmanes que deciden tomar el camino de la violencia como reacción a la presencia y las políticas de las potencias occidentales en el Medio Oriente; entonces claramente estamos muy lejos todavía de comprender a estas personas y nuestro rol en su descontento.

El mejor ejemplo de la poca relevancia de organizaciones como al Qaeda para convertirse en agentes de cambio en el Medio Oriente, es la ola de revoluciones populares en decenas de países alrededor toda esta región. Esta ola de revoluciones conocida como “la primavera árabe” ha tenido un mucho mayor éxito en unir y motivar a generaciones de musulmanes para luchar por sus derechos, libertadas y por un nuevo estilo de vida; de lo que decenas de grupos radicales y fundamentalistas como al Qaeda jamás han logrado.

Contrario a lo que muchos políticos, noticieros o militares quisieran hacernos creer de que el mundo esta dividido entre buenos y malos, inocentes y culpables, héroes y demonios; el día que podamos reconocer que si existe tal cosa en el mundo como “una verdad absoluta” esta probablemente no va a ser de color blanco o negro, sino más bien va a tener 14 tonos de gris. Ese día estaremos un paso más cerca de conocernos a nosotros mismos.

sábado, 9 de abril de 2011

Una nueva perspectiva

Es asombroso el poder que tienen las estadísticas para cambiar nuestra perspectiva del mundo actual. Muchas veces es difícil darse cuenta de que nuestra idea del mundo puede de hecho estar reflejando una visión completamente desactualizada y errónea de la realidad.

Con respecto a este tema creo que es importante destacar el trabajo realizado por Hans Rosling, profesor de Salud Internacional del Instituto Karolinska, y sus análisis sobre niveles de desarrollo basados en el estudio de diferentes índices y datos estadísticos. Una de las ideas más interesantes y revolucionarias tratadas por Rosling es la idea de diferenciar los niveles de desarrollo a la hora de comparar diferentes regiones del mundo. El mejor ejemplo de este concepto sería el comparar los niveles de desarrollo de regiones como Europa o América del Norte con aquellos de la mayoría de los países del África subsahariana.

Si nos remontamos 60 años en el tiempo y analizamos el nivel desarrollo económico, social y en calidad de vida que han tenido regiones como América del Norte y Europa desde 1950 hasta la actualidad, podemos ver que el típico país en estas partes del mundo ha logrado alcanzar algunos de los más altos niveles de desarrollo en el planeta.

Por otro lado, cuando pensamos en una región del planeta como el África subsahariana, tendemos a verla por el contrario como una región completamente estancada y olvidada, y la cual difícilmente ha logrado disfrutar de algún tipo de progreso significativo en las últimas décadas.

El percibir al África subsahariana de esta manera tiende a ser un error bastante común, pero el cual sin embargo, contribuye a crear una visión errada y completamente desactualizada de la realidad.

El principal error radica en el hecho de que tradicionalmente se tiende a comparar directamente el nivel de desarrollo que ha alcanzado Norte América y Europa en estos 60 años directamente con aquel alcanzado por África subsahariana durante el mismo período de tiempo. No parecemos notar sin embargo, que el nivel de desarrollo de estas regiones no se encontraba precisamente en el mismo punto hace 60 años.

Si analizamos las estadísticas relativas a esperanza de vida, tasa de mortalidad infantil, o el tamaño de las familias (la cantidad de hijos por mujer o tasa de fertilidad) para la década de 1950, podemos ver que el nivel de desarrollo de la mayoría de los países del África subsahariana es comparable no con el de Estados Unidos o Canadá en 1950, sino más bien con el de Europa en el siglo XVIII. Esto quiere decir que la expectativa de vida promedio en África subsahariana en 1950, la cual se asemejaba a los 35 años de edad, es una expectativa comparable a aquella del típico ciudadano europeo viviendo en el año 1700.

Por otro lado, si viajamos sesenta años en el tiempo hasta inicio del siglo XXI y analizamos los indicadores de esperanza de vida, tasa de mortalidad infantil o el tamaño de las familias, podes ver que para este momento el país promedio en África subsahariana ha logrado alcanzar un nivel del desarrollo similar al de Europa o América del Norte a principios del siglo XX. Es decir, la tasa de mortalidad infantil de países como Nigeria, Mali o Mozambique en el 2008, es muy similar a aquella de Irlanda, Suecia o Noruega en el año 1900; o bien el promedio de niños dados a luz por cada mujer para el año 2009 en países como Kenia, Senegal y Burundi, es muy similar al de Alemania, Holanda y Finlandia a principios de 1900.

Ahora bien, es cierto que dentro del mismo África subsahariana existen grandes asimetrías entre países, y que así como hay países que puede que se encuentren a una menor distancia promedio de las naciones más desarrollados del mundo, existen también otros cuyos indicadores los ubican en un nivel de desarrollo aproximado todavía mucho más lejano a los 100 años.

Pese a esto, si analizamos al África subsahariana como una región en general podemos ver que, por lo menos en lo que respecta a los indicadores anteriormente mencionados, en 60 años la gran mayoría de los países de esta región han logrado alcanzar un nivel de desarrollo, el cual le tomó a buena parte del mundo desarrollado en promedio casi unos 300 años en alcanzar.

Los motivos de este gran salto son múltiples y variados, y en general se deben a los increíbles avances tecnológicos y médicos realizados alrededor del mundo, los cuales se han propagado hasta algunas de las regiones más pobres del planeta permitiendo así grandes avances sobre todo en el campo médico y de salud. Por otro lado, se debe destacar el trabajo realizado por numerosas organizaciones no gubernamentales, gobiernos nacionales y diferentes organismos de las Naciones Unidas, los cuales han diseñado numerosos programas de vacunación, prevención y educación que le han permitido algunas de las regiones más pobres del mundo gozar de los últimos avances y desarrollos tecnológicos.

Lamentablemente, el pronóstico para la próxima década de buena parte de los países del África Subsahariana no se ve muy positivo. Esta región continúa presentando índices de pobreza, corrupción y desarrollo difícilmente comparables con alguna otra región en el mundo. La pobreza extrema, la cual afecta a la mayoría de los países de esta región, conlleva por sí sola toda una serie de amenazas que en muchos casos fuerzan al país a caer en un círculo vicioso del cual en muchas ocasiones se vuelve extremadamente difícil escapar. En lo que respecta a otros indicadores de desarrollo y calidad de vida como es el caso del ingreso per cápita o el índice de desigualdad social; parece haber inclusive claros indicios de que esta brecha con respecto al mundo desarrollado se ha ido ampliando.

No cabe ninguna duda de que África subsahariana continúa siendo todavía la región más pobre en el planeta, sin embargo, la idea de que ha sido una región completamente inmóvil y estancada en el pasado es un concepto completamente desactualizado y debe ser modificado.

Sin embargo, pese a este significativo avance, 100 años de rezago entre el nivel de desarrollo promedio en África subsahariana y aquel de los países más desarrollados del mundo sigue siendo todavía una distancia abismal, la cual representa verdaderos retos a la hora de intentar integrarse exitosamente a un mundo cada vez más globalizado y competitivo. Resta por verse todavía cómo se desempeñará esta región en las próximas décadas y si logrará hacer uso de las oportunidades ofrecidas por un mundo globalizado para finalmente poder cerrar esta brecha.

domingo, 20 de marzo de 2011

Gracias Bouazizi

A través de la historia han habido numerosos ejemplos de personas que han logrado hacer surgir un movimiento y cambiar la historia. Con su muerte, estas personas han llegado a convertirse en los grandes íconos, las grandes leyendas de la historia, pero por cada Mahatma Gandhi, por cada Nelson Mandela, por cada Martin Luther King Jr, existen también figuras casi desconocidas que cambian el destino de una nación para siempre. Mohamed Bouazizi, un simple joven tunecino de 26 años pasará a la historia como uno de estos grandes íconos que marcaron una época, que definieron un movimiento, que hicieron historia.

Mohamed Bouazizi fue una victima más del terrible estado económico de su país, debido a su necesidad de mantener a un tío enfermo, a su madre, sus hermanos e inclusive de pagar por los estudios universitarios de su hermana; se vio forzado a conseguir numerosos trabajos desde los 10 años hasta convertirse en un simple vendedor de verduras en el mercado local de Sidi Bouzid, una pequeña ciudad en el centro de Túnez.

Sin embargo, el 17 de diciembre, Bouazizi vio sus pertenencias ser decomisadas por la policía debido a la falta de un permiso municipal para vender productos. Mohamed sabía que no tenía suficiente dinero para sobornar a los oficiales para evitar que se llevaran sus cosas o suficiente dinero para sobornar a los oficiales municipales para conseguirlas de vuelta. Al tratar de presentar una queja ante el gobernador local, su situación fue rápidamente ignorada.

En cuestión de minutos Bouazizi acababa de perder su única forma de alimentar a su familia, así como de pagar el préstamo en el que había incurrido para comprar los productos que iba a vender durante el día. Sin embargo, es la eventual bofetada en la cara propinada por una oficial de policía debido a su conducta, lo que lo lleva a rociar su cuerpo con gasolina y prenderse fuego en medio de la calle.

Yo siempre he creído que cuando uno empuja a una persona lo suficiente, eventualmente esta persona empezará a empujar de vuelta, y cuando Mohamed Bouazizi decidió empujar de vuelta todo el mundo árabe escuchó su llamado.

Normalmente su acto de extrema desesperación habría sido nada más que una curiosidad ocurrida en un poco conocido país del norte de África, sin embargo en este caso, las leves olas generadas por la muerte de este joven causaron tormentas en las costas del resto del mundo árabe.

La muerte de Mohamed Bouazizi se conjugó con una serie de elementos para generar una tormenta perfecta que causó la mayor transformación geopolítica en el Medio Oriente desde la caída del Imperio Otomano en 1919.

Este acontecimiento llevó a la caída de dos de los regímenes más duraderos del mundo árabe, a una virtual guerra civil en un tercero, y a numerosas protestas y manifestaciones en casi una decena de países más.

Sin embargo, lo que realmente cautivó a todo el mundo árabe fue lo poderoso del mensaje enviado por Bouazizi, pues él fue simplemente un joven más en busca de una mejor vida para él y su familia, algo con lo que millones del jóvenes alrededor del Medio Oriente fácilmente se pueden identificar, y que sin embargo es llevado a prender su cuerpo en llamas debido a su estado de extrema de desesperación gracias a la posición en la que es puesto por un gobierno gobierno corrupto y represivo. Muy probablemente si Bouazizi se hubiese suicidado silenciosamente en el baño de su casa el mundo nunca hubiese conocido su nombre, pero su persona y la forma de su trágica muerte enaltecieron a toda una generación a alzar su manos y a ejercer su poder.

Es difícil encontrar una imagen más conmovedora que la de un pueblo luchando unido por su libertad contra las tropas del gobierno y sus simpatizantes, o bien la de un ciudadano egipcio que decide adentrarse en los abandonados cuarteles de la Mukhabarat, la policía secreta, con el fin de buscar junto con otros ciudadanos a prisioneros políticos que se encuentran todavía detenidos y olvidados en las numerosas cárceles secretas del régimen; no eran más que compañeros desconocidos que sin embargo, tenían que ser rescatados.

Las repercusiones de esta revolución pueden seguir siendo vistas hasta la fecha, demostraciones diarias en Saná, la capital yemenita, la represión de manifestantes en Manama, la capital de Bahrein, y los constantes combates entre las tropas leales al régimen y los combatientes opositores en Libia. Miles de personas continúan luchando en Egipto y Túnez para garantizar que sus frágiles logros no sean desperdiciados y que sus gobiernos se conviertan en verdaderas entidades representativas.

Lamentablemente Mohamed no vivió para ver las repercusiones de su trágica decisión pues falleció en el hospital el 5 de enero, pocos días antes del inicio de las principales demostraciones en Túnez. Sin embargo, su pueblo y el resto del mundo fueron testigos de la revolución que llegó a inspirar. Al parecer, una sola persona, con el gesto indicado en el momento perfecto puede llegar a cambiar el mundo, sólo depende de cada uno nosotros el encontrar nuestro momento.


domingo, 6 de marzo de 2011

180 estándares de separación

Ah no hay nada que diga éxito académico como el título de Doctor agregado al inicio de un nombre, sin embargo en cierta forma esto fue lo que causó la caída de uno de los más populares políticos alemanes del momento.

Por supuesto que estoy hablando de ningún otro que Karl-Theodor zu Guttenberg, ex Ministro de Defensa, miembro prominente del partido Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), posible futuro canciller de Alemania, y una de las estrellas en ascenso más prometedoras de la política alemana.

Por lo visto, el ser miembro de la realeza bávara, descendiente de una familia con una larga tradición política, y el ostentar un nombre que fácilmente deja a cualquiera sin aliento, Karl-Theodor Maria Nikolaus Johann Jacob Philipp Franz Joseph Sylvester Freiherr von und zu Guttenberg; no es suficiente sin embargo, para completar el perfil de un político ejemplar en Alemania.

Ahora bien, la pérdida del puesto del Ministro de Defensa alemán no se debió al tradicional escándalo típico de todo político. No fue un escándalo de corrupción al estilo Fujimori o si quiera la sospecha de haber cometido alguna malversación de fondos al estilo Pepillo. Tampoco se debió a la conducta de una poca exitosa estrategia militar como en el caso de Donald Rumsfeld, ni mucho menos debido a un escándalo romántico o sexual al estilo del cavaliere Berlusconi.

No, en este caso se debió a algo un poco menos “tradicional”. El descubrimiento de ciertas anomalías con respecto a la tesis doctoral de zu Guttenberg demostró que al parecer, zu Guttenberg decidió pedir prestado ciertas partes de sus tesis doctoral a otros autores sin citar correctamente las fuentes originales de esta información, lo que tanto en Costa Rica, como en Alemania (salvo quizá en China) es conocido como “plagio”.

Esta controversia causó no sólo que zu Guttenberg fuese desposeído de su doctorado por parte de la Universidad de Bayreuth, sino que en cuestión de seis días después de que la Universidad tomó esta decisión, la cancillera alemana Angela Merkel ya estaba recibiendo la carta de renuncia del Ministro de Defensa.

Es este acto “un mero asunto personal, ya que yo contraté a Karl como Ministro de Defensa y no como asesor académico” como lo califico la canciller alemana Angela Merkel, o es por otro lado prueba de una intolerable y vil traición al pueblo alemán.

Ahora bien, esté o no esté uno de acuerdo con el llamado de renuncia emitido por varios miembros del partido opositor en el Reichstag, Partido Social Demócrata (SPD), no podemos negar en todo caso, que el estándar moral en la política alemana es bastante alto.

Uno tiene que preguntarse sin embargo, que pensaría nuestra Presidenta de la República Laura Chinchilla con respecto al “interesante” desempeño del Ministro de Obras Públicas y Transporte Francisco Jiménez Reyes frente al “complicado” problema de la mítica platina. Un asunto que parece haber retado al máximo las capacidades técnicas del Ministerio de Obras Públicas y Transporte y de su ministro.

Lo cierto del caso es que la redacción, o mejor dicho “la recopilación” de la famosa tesis doctoral le ha ganado al ex Ministro de Defensa alemán, no sólo la pérdida de su puesto en cuestión de una semana, así como bastante del brillo de su antes prometedora carrera política, sino que también le ha concedido el no tan espléndido título de Dr. Karl-Theodor zu Googleber.

Me pregunto por otro lado, si el futuro de la carrera del Ministro Reyes se ve también así de sombrío.